MADRID, 27 Nov. (EUROPA PRESS) –

Sólo tres minutos de exposición a la luz roja intensa una vez a la semana, por la mañana, pueden mejorar significativamente el deterioro de la vista, según un nuevo estudio pionero realizado por investigadores del University College de Londres (UCL), publicado en la revista ‘Scientific Reports’.

El estudio se basa en un trabajo anterior del equipo que demostró que la exposición diaria de tres minutos a una luz roja intensa de onda larga «encendía» las células mitocondriales productoras de energía en la retina humana, ayudando a mejorar la visión, que disminuye de forma natural. En este último estudio, los científicos querían establecer el efecto que tendría una sola exposición de tres minutos, utilizando además niveles de energía mucho más bajos que en sus estudios anteriores. Además, basándose en otra investigación del UCL realizada en moscas que descubrió que las mitocondrias presentan «cargas de trabajo cambiantes» según la hora del día, el equipo comparó la exposición matutina con la vespertina.

En resumen, los investigadores descubrieron que, por término medio, la visión de contraste de los participantes mejoraba un 17% cuando se exponían a tres minutos de luz roja intensa de 670 nanómetros (longitud de onda larga) por la mañana, y los efectos de esta única exposición duraban al menos una semana. Sin embargo, cuando se realizó la misma prueba por la tarde, no se observó ninguna mejora.

Los científicos afirman que los beneficios de la luz roja intensa, puestos de manifiesto por los resultados, suponen un gran avance para la salud ocular y deberían dar lugar a terapias oculares caseras y asequibles, que ayuden a los millones de personas de todo el mundo cuya visión disminuye de forma natural.

El autor principal, el profesor Glen Jeffery, del Instituto de Oftalmología del UCL), subraya que han demostrado que una sola exposición a la luz roja profunda de onda larga por la mañana puede mejorar significativamente el deterioro de la visión, que es un problema importante de salud y bienestar, que afecta a millones de personas en todo el mundo.

«Esta sencilla intervención aplicada a nivel de la población tendría un impacto significativo en la calidad de vida a medida que las personas envejecen y probablemente daría lugar a una reducción de los costes sociales que se derivan de los problemas asociados a la disminución de la visión», asegura.

En los seres humanos, en torno a los 40 años, las células de la retina del ojo comienzan a envejecer, y el ritmo de este envejecimiento se produce, en parte, cuando las mitocondrias de la célula, cuya función es producir energía (conocida como ATP) e impulsar la función celular, también comienzan a disminuir.

La densidad mitocondrial es mayor en las células fotorreceptoras de la retina, que tienen una gran demanda de energía. En consecuencia, la retina envejece más rápido que otros órganos, con una reducción del 70% del ATP a lo largo de la vida, lo que provoca un importante declive de la función de los fotorreceptores al carecer de la energía necesaria para desempeñar su función normal.

Al estudiar los efectos de la luz roja intensa en los seres humanos, los investigadores se basaron en sus descubrimientos anteriores en ratones, abejorros y moscas de la fruta, que encontraron mejoras significativas en la función de los fotorreceptores de la retina cuando sus ojos fueron expuestos a la luz roja intensa de 670 nanómetros (longitud de onda larga).

«Las mitocondrias tienen una sensibilidad específica a la luz de longitud de onda larga que influye en su rendimiento: las longitudes de onda más largas, que abarcan de 650 a 900 nm, mejoran el rendimiento mitocondrial para aumentar la producción de energía», afirma el profesor Jeffery.

La población de fotorreceptores de la retina está formada por conos, que se encargan de la visión en color, y bastones, que adaptan la visión a la luz tenue. Este estudio se centró en los conos y observó la sensibilidad al contraste de los colores, a lo largo del eje protan (que mide el contraste rojo-verde) y del eje tritan (azul-amarillo).

Todos los participantes tenían entre 34 y 70 años, no padecían ninguna enfermedad ocular, rellenaron un cuestionario sobre la salud ocular antes de las pruebas y tenían una visión del color normal (función de los conos). Se evaluó mediante una «prueba de croma»: la identificación de letras de colores que tenían un contraste muy bajo y aparecían cada vez más borrosas, un proceso denominado contraste de color.

Utilizando un dispositivo LED proporcionado, los 20 participantes (13 mujeres y 7 hombres) fueron expuestos a tres minutos de luz roja intensa de 670 nm por la mañana, entre las 8 y las 9 horas. A continuación, se comprobó su visión del color tres horas después de la exposición y 10 de los participantes también se sometieron a una prueba una semana después de la exposición.

Por término medio, se produjo una mejora «significativa» del 17% en la visión del color, que duró una semana en los participantes sometidos a prueba; en algunos participantes de más edad se produjo una mejora del 20%, que también duró una semana.

Unos meses después de la primera prueba (para asegurarse de que los efectos positivos de la luz roja intensa se habían «disipado»), seis (tres mujeres y tres hombres) de los 20 participantes realizaron la misma prueba por la tarde, entre las 12 y las 13 horas. Cuando los participantes volvieron a someterse a la prueba de visión del color, ésta no mostró ninguna mejora.

«El uso de un simple dispositivo LED una vez a la semana, recarga el sistema de energía que ha disminuido en las células de la retina, más o menos como la recarga de una batería –concluye Jeffery–. Y la exposición matutina es absolutamente clave para conseguir mejoras en la disminución de la visión: como hemos visto anteriormente en las moscas, las mitocondrias tienen patrones de trabajo cambiantes y no responden de la misma manera a la luz por la tarde; este estudio lo confirma».

Para este estudio, la energía luminosa emitida por la linterna LED fue de sólo 8mW/cm2, en lugar de 40mW/cm2, que habían utilizado anteriormente. Esto tiene el efecto de atenuar la luz, pero no afecta a la longitud de onda. Aunque ambos niveles de energía son perfectamente seguros para el ojo humano, reducir aún más la energía es una ventaja adicional.

Ante la escasez de terapias oculares asequibles con luz roja profunda, el profesor Jeffery ha estado trabajando sin ánimo de lucro con Planet Lighting UK, una pequeña empresa de Gales y otras, con el objetivo de producir artículos oculares de infrarrojos de 670 nm a un coste asequible, en contraste con otros dispositivos LED diseñados para mejorar la visión disponibles en Estados Unidos por más de 20.000 dólares.

«La tecnología es sencilla y muy segura; la energía suministrada por la luz de onda larga de 670 nm no es mucho mayor que la que se encuentra en la luz natural del entorno –explica–. Dada su sencillez, confío en que se pueda poner a disposición del público en general un dispositivo fácil de usar a un coste asequible. En un futuro próximo, una exposición de tres minutos a la luz roja intensa una vez a la semana podría hacerse mientras se prepara un café, o en el trayecto al trabajo escuchando un podcast, y un complemento tan sencillo podría transformar el cuidado de los ojos y la visión en todo el mundo».

Fuente: Europa Press