MADRID, 19 Mar. (Por Eloisa Molina, Coordinadora de Comunicación de World Vision) –

Entrando ahora en su undécimo año, la crisis de refugiados sirios sigue siendo la mayor crisis de refugiados y desplazados del mundo de nuestro tiempo. Desde que la guerra civil siria comenzó oficialmente el 15 de marzo de 2011, las familias han sufrido un conflicto brutal que ha matado a cientos de miles de personas, ha destrozado la nación y ha hecho retroceder décadas el nivel de vida.

Aproximadamente 5,6 millones de sirios son refugiados y otros 6,1 millones están desplazados dentro de Siria. Casi 11,1 millones de personas en Siria necesitan asistencia humanitaria. Y aproximadamente la mitad de los afectados por la crisis de refugiados sirios son niños.

Hay 4,8 millones de niños sirios que no conocen otra cosa que no sea estar en guerra. La mayoría de ellos han perdido a familiares y amigos a causa de la violencia, han sufrido traumas físicos y psicológicos y han tenido que dejar la escuela, viendo truncadas sus perspectivas de futuro. El conflicto les ha robado la infancia.

Los niños sirios se enfrentan además a otros problemas como la desnutrición o las enfermedades, muchas de ellas provocadas por la falta de saneamiento, incluidas las enfermedades diarreicas como el cólera. A las zonas aisladas muchas veces no llegan las vacunas y el acceso a las revisiones médicas periódicas es complicado. La precariedad de las viviendas, es la causa de que durante el invierno, el frío aumente el riesgo de neumonía y otras infecciones respiratorias.

La guerra también ha provocado un aumento del trabajo infantil y de niños soldado ya que muchos niños refugiados tienen que trabajar para mantener a sus familias. A menudo lo hacen en circunstancias peligrosas o degradantes por una escasa remuneración. También se han incrementado el matrimonio infantil y los abusos sexuales, debido a la vulnerabilidad en la que se encuentran los niños sirios por las condiciones desconocidas y de hacinamiento que se dan en los campos de refugiados y en los asentamientos informales de tiendas de campaña.

Siria es hoy uno de los peores lugares del mundo para la infancia. Alrededor de 600.000 personas, incluidos 55.000 niños, han muerto, la mitad de la población ha sido desplazada y la esperanza de vida de los niños se ha reducido en 13 años.

LA HISTORIA DE FATIMAH

Mujer siria, refugiada, novia precoz, madre y ahora, poderosa activista. Fatimah y su familia fueron de los primeros que se vieron obligados a huir del mortífero conflicto en Siria. Huyendo de las zonas rurales de Alepo en 2011, ha pasado más de la mitad de su vida como refugiada.

Establecerse en Jordania fue muy difícil. La pérdida de su hogar, y la falta de libertad y esperanza, se vio agravada por la muerte de su padre unos años después. Sin dinero ni seguridad, aparentemente solo había una solución: «Mi madre se vio obligada a casarme con mi primo para que él pudiera cuidarnos y mantenernos», dice Fatimah.

Así fue como Fatimah, se convirtió en una víctima del matrimonio infantil, se vio obligada a dejar la escuela; además, no sabía qué se esperaba de ella como esposa. Tras un año de matrimonio, intentó separarse de su marido, pero sus familiares no lo permitieron e insistieron en que volviera con él. Fatimah quedó embarazada y dio a luz a su primer hijo. Desesperada, estaba a punto de perder toda esperanza.

Pero las cosas cambiaron cuando una amiga le habló de un Centro de Apoyo de World Vision que ofrecía educación y ayuda psicológica para mujeres y niñas víctimas de la violencia.

«Visité el Centro y me registré en el club de madres jóvenes. Fue una buena experiencia y aprendí muchas cosas que fortalecieron la confianza en mí misma», dice Fatimah. «Allí sentí que existo, que soy una mujer que está en este mundo». Regresó a la escuela para continuar con su educación y fue en ese momento en el que nació el deseo de Fatimah por dedicarse a la defensa de los derechos de las mujeres y los niños.

LA INTERVENCIÓN DE EMAN

Eman es asistente social en el Centro y ha servido de guía a Fatimah en este proyecto. Ella explica que fue idea de Fatimah comprometerse con otras mujeres y niñas para detener el matrimonio infantil. «Quería enviar un mensaje a las mujeres que tuvieran una experiencia similar a la suya para ayudarlas a encontrar otros caminos a través de sus capacidades y fortalezas».

Fatimah se dio cuenta de que los grupos de redes sociales eran una excelente manera de correr la voz y llegar a las niñas, no solo de Siria, sino de todo el mundo. En estos grupos, advierte a las niñas y mujeres jóvenes sobre seguir las viejas tradiciones y costumbres que fomentan el matrimonio infantil con todas sus terribles consecuencias, desde la deserción escolar hasta los embarazos de adolescentes, entre otras formas de violencia.

A pesar de la injusticia y los peligros a los que se ha enfrentado, Fatimah ahora abraza un tipo diferente de peligro. Su voz. Defender los derechos de las mujeres y las niñas, hablar en contra del matrimonio infantil y a favor de la importancia de que las niñas completen su educación puede ser extremadamente peligroso en su cultura. Pero Fatimah es inteligente, usa Facebook e Instagram, se conecta con muchas mujeres jóvenes, les ofrece apoyo y les brinda herramientas para recuperarse de situaciones abusivas y poder tener así esperanza en construir un futuro mejor.

Fuente: Europa Press