Toda industria necesita de la innovación para evolucionar y adaptarse a las demandas y necesidades de los consumidores y el sector de alimentación y gran consumo no es un excepción. Sin embargo, los datos del Radar de la Innovación 2019, realizado por Kantar Worldpanel, reflejan una caída continuada del lanzamiento de nuevos productos en España desde el año 2010.

La conclusión del estudio es clara: los nuevos lanzamientos que se venden en los supermercados han disminuido un 30% en la última década. Más preocupante aún, 2017 y 2018 han marcado niveles de mínimo histórico en innovación a pesar de ser años de clara recuperación económica. Este dato demuestra que la crisis económica no es ni la única causa ni siquiera la causa principal de la caída de la innovación, tal como se nos había transmitido interesadamente por algunos.

Entonces ¿cuáles son las razones de este descenso? Las marcas de fabricante son autoras del 90% de las innovaciones lanzadas al mercado y estas innovaciones requieren una inversión sustancial. Si algunas cadenas de supermercados líderes en el sector deciden no venderlas en sus lineales para proteger su propia marca, no llegan al consumidor y este ni siquiera llega a conocerlos (dos de cada tres lanzamientos se conocen en el lineal del supermercado). Así el fabricante tiene cada vez menos incentivos para seguir invirtiendo en innovaciones.

Dicho en otras palabras, la distribución, o la presencia de las innovaciones en las tiendas, es clave para su éxito. Lo que no está en el lineal no se vende. Y lo que no se vende no genera inversión.

Según el mencionado informe de Kantar, en 2018 la distribución de la innovación de fabricante solo alcanza aproximadamente un 25%. Cadenas como Mercadona y Lidl solo vendieron un 23% y un 8% respectivamente, de los nuevos productos lanzados por los fabricantes de marcas. Así es imposible obtener un retorno a la inversión que requiere cada innovación.

La cadena alimentaria es un todo. Para que triunfe la innovación, hace falta que colaboren todos los eslabones (productores primarios, industria y cadenas de distribución). Si una parte no colabora, la cadena no funciona.

Las cadenas de distribución tienen un peso decisivo en el progreso de las innovaciones. Si no apoyan al 90% de los productos innovadores, la innovación seguirá desapareciendo del mercado en perjuicio de los consumidores y de la economía en su conjunto.

El consumidor se beneficia de la innovaciones, porque son esenciales para su bienestar. Esto ya no lo cuestiona nadie. Y también es negativo para España. Las categorías de gran consumo con alto grado de innovación crecen cuatro veces más que las que no tienen innovación. Una bajada en innovación del 30% supone anualmente una pérdida de 3.000 millones de € en PIB y 24.000 puestos de trabajo. ¿Alguien puede negar que esto no sea nefasto para nuestra Economía?

Si un mercado no puede garantizar las condiciones de competencia que hacen posible la innovación, autoridades e interesados debemos reflexionar seriamente sobre la causa de este fracaso y los remedios

Por eso, desde el sector queremos hacer un llamamiento a autoridades, eslabones de la cadena empresarial (productores, industria y distribución) y asociaciones de consumidores para abordar conjuntamente esta problemática y encontrar soluciones eficientes y proporcionadas.

La innovación es motor de crecimiento y prosperidad y España no se puede permitir renunciar a ella en un sector industrial líder de nuestra economía.

Ignacio Larracoechea es Presidente de Promarca

Fuente: Cinco Días