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Cuando a Ander Méndez, Tamar Gigolashvili y Julen Justa se les ocurrió vender ositos de gominola rellenos de alcohol no esperaban ni la repercusión mediática ni el embrollo jurídico en el que estaban a punto de meterse. Estos tres veinteañeros quisieron hace un año aunar los dos productos por “su buen maridaje”. Pero hace unas semanas que recibieron un burofax de Haribo. La multinacional alemana se basaba en la semejanza de los productos que ambos comercializan para exigirles que destruyeran el material, cerraran su tienda online, revocaran la marca Ositos&Co y transfirieran la propiedad de su dominio a Haribo. Todo ello si querían resolver el conflicto de forma amistosa.

“Nos pusimos en contacto con un abogado, que nos dijo que nunca había visto nada igual. Nos dio dos soluciones: dejarlo todo o asumir las consecuencias”, dice Méndez. Los veinteañeros optaron por la segunda: continuar y enfrentarse al gigante alemán. “Hay muchas marcas de este tipo que trabajan con ositos y no son los de Haribo”, continúa.

Haribo responde que tan solo trata de “proteger y defender” sus derechos de propiedad intelectual y su imagen. En un comunicado remitido a este periódico, la empresa dice haber emprendido “el procedimiento legal habitual en estos casos” para proteger sus marcas registradas. Y explica que no tiene “ninguna intención de apropiarse del negocio de las golosinas con alcohol”. En su página web, la multinacional recuerda que en 1967 inscribió sus ositos de oro como marca comercial en el registro de patentes.

El lío jurídico ha llenado páginas en periódicos españoles y extranjeros, como el británico The Guardian y los alemanes Bild y Die Zeit. Estos últimos aseguraban que Haribo había demandado formalmente a la empresa española, algo que esta desmiente.

A la izquierda, los ositos rellenos de alcohol de la 'start-up' vasca y a la derecha los comercializados por Haribo.A la izquierda, los ositos rellenos de alcohol de la ‘start-up’ vasca y a la derecha los comercializados por Haribo.

En su primer año de vida, Ositos&Co ha facturado entre 20.000 y 25.000 euros y ha vendido unas 6.000 unidades, según sus últimos datos. “Lo poco que hemos ganado lo hemos reinvertido en nuevas producciones y ahora en abogados”, comenta Méndez. Frente a ellos tienen a un gigante con 7.000 empleados (500 en España) que fabrica al día unos 100 millones de sus famosos ositos de gominola, según su web.

Méndez cuenta por teléfono, que su pyme se ha beneficiado del bombardeo mediático. “Las visitas a nuestra web han sido una pasada. Algunos entraban por curiosidad y otros para comprar. Tenemos picos los días en los que salimos en medios alemanes”, explica. Las ventas, canalizadas sobre todo en su web, se centran en Barcelona, Madrid y País Vasco. 

La mayoría de mensajes que han recibido eran de apoyo, también han recibido recados menos amables, de lo que Méndez llama “haters”. “Abogados y empresas nos han mostrado su apoyo. Estamos muy agradecidos, aunque nos vayamos a dar una torta o todo esto desemboque en un lío internacional”, continúa.

El impulsor de los ositos borrachos advierte de que siete u ocho de estas gominolas equivalen a un vaso de vino o cerveza, ya que tienen un 15% de volumen de alcohol, por lo que su consumo solo está autorizado a mayores de 18 años. “Se tiene que tener el mismo cuidado que si bebieses de forma convencional. Cumplimos con las mismas condiciones legales”, afirma Méndez.

Al tener la idea, los tres jóvenes contactaron con una destilería de Burgos que contaba con las licencias para producir los ositos. El producto se utilizaba en coctelerías vascas e incluso en el aeropuerto de Valencia. El aumento de la demanda hizo que la producción se trasladara en mayo a una fábrica de golosinas en Álava. “Es típico que los jóvenes mezclemos el alcohol y las chucherías. Con este proyecto, rememoramos lo bien que nos lo pasábamos al salir de fiesta. No queríamos hacer daño a nadie”, concluye el fundador de los ositos que han enfurecido al hermano mayor alemán.

Fuente: El País