Aunque con esfuerzo y de forma heterogénea, las empresas han logrado mejorar sus salud financiera. Las compañía vulnerables, es decir, las que con sus beneficios operativos no logran pagar los gastos financieros, se han reducido en 20 puntos desde el periodo más álgido de la Gran Recesión. Actualmente, representan el 22,8% de la deuda total de las sociedades españolas, frente al 42,3% de 2009. También se ha reducido de manera consistente el porcentaje de beneficios que las compañías dedican al desapalancamiento: un 33,2% en 2018, frente al 72,2% de hace una década. Las razones no solo se encuentran en las mejoras de la economía; también la caída de los tipos de interés ha dado un empujón para que el sector empresarial saneara sus cuentas, según destaca el informe Condiciones financieras de las empresas españolas, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) y publicado este jueves.

El estudio, dirigido por los investigadores del Ivie Joaquín Maudos y Juan Fernández de Guevara, señala que la deuda consolidada de las empresas alcanzó cifras vertiginosas después de que estallara la crisis. En 2010, tocó un máximo del 118% del PIB, equivalente a 1,2 billones de euros. Dicho en otras palabras: las empresas hubieran tenido que destinar 5,4 años de beneficio para amortizarla. El pasado junio, este porcentaje se había reducido al 73%, 4,3 puntos por debajo de la media de la eurozona. 

Sin embargo, estas mejoras no han sido uniforme para el conjunto del tejido empresarial. El informe destaca que este grupo de empresas vulnerables ha logrado sobrevivir sobre todo gracias al balón de oxigeno que ha supuesto la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo. Gracias a la rebaja de los tipos de interés, que hace que sus obligaciones financieras sean más asequibles, estas sociedades han podido mantenerse a flote, algo que no hubiera sido posible en un entorno de tipos normal. 

También el tamaño causa que los efectos de la recuperación sean desiguales. Las empresas más pequeñas son las que más dificultades tienen para acceder a la financiación. Aunque esta variable haya mejorado notablemente desde la crisis —en 2018, solo un 8% de las empresas tenían problemas para conseguir préstamos bancarios, frente al 25% de 2011—, casi un cuarto de las microempresas en 2017 era incapaz de financiar su inversión sin recursos ajenos, y más de la mitad lograban hacerlo con dificultad. En el caso de las grandes sociedades, las de más de 250 trabajadores, estas cifras se reducen, respectivamente, al 6% y al 39%. 

Según el informe estas restricciones suponen un freno para las empresas que se refleja en el conjunto de la economía española, al reducirse el tamaño de la inversión y, con ella, la productividad.

Inversión y productividad

El estudio de BBVA e Ivie se hace eco de los numerosos estudios propiciados por distintos organismos a a raíz de la crisis financiera sobre cómo las trabas al acceso a la financiación y el endeudamiento tengan consecuencias en la inversión o la productividad. «Básicamente, se conjetura que el lento avance reciente de la productividad puede estar relacionado con el funcionamiento de los mercados financieros», lanza. «Estos pueden haber contribuido a una falta de inversión en los años de crisis ya una asignación ineficiente de los recursos productivos». Este escenario, añade, se ha traducido en la permanencia de «empresas zombis, la falta de crecimiento de las empresas más productivas, o la inversión en bienes de capital —como los inmobiliarios— que no maximizan las posibilidades de crecimiento alargo plazo».

Las empresas con más dificultades más acceder a la financiación tienen una tasa de inversión inferior a las que pueden lograrla sin dificultades. Por otro lado, el 74,9% de las sociedades cuya inversión bruta no cubre la amortización del inmovilizado presenta algún tipo de restricción financiera.

Este diferente acceso a la financiación se repercute en la productividad. El informe señala que el endeudamiento solo puede mejorarla si los números rojos que acumula la empresa han servido para financiar inversiones que aumentan la eficiencia, pero si estos alcanzan niveles excesivos el efecto puede ser contraproducente. En concreto, el informe fija un umbral del 38%. «A partir de ese nivel de endeudamiento las ganancias conseguidas se van perdiendo», señala el estudio, que señala que en 2017 el 69% de las empresas españolas se encontraban en esta situación, con un consecuente efecto negativo sobre la productividad. 

Fuente: El País