La Seguridad Social lleva ya cinco años aumentando sus ingresos procedentes por cotizaciones, casi tanto tiempo como lleva la aumenta el empleo. Esto es importante, porque lo que pagan los trabajadores y las empresas supone más de tres cuartas partes de todo lo que ingresa el instituto público. En 2017 y 2018, el incremento ha superado, incluso, el 5%, hasta llegar el ejercicio pasado a casi 115.000 millones.

La subida de cotizaciones impulsa la recaudación de la Seguridad Social

Ese porcentaje se queda pequeño con lo que ha sucedido en los dos primeros meses de 2019, cuando los ingresos que llegan por las cuotas sociales han crecido un 6,5%. La mejora llega, especialmente, por el lado del régimen general, el más grande de todos y en el que se encuadra a los asalariados. En él, la subida llega al 7,14%, hasta llegar a una recaudación de 15.500 millones. También es muy significativo, un 8%, el salto en las cotizaciones de los desempleados (1.150 millones).

Que ambas fuentes sean las que más crecen apuntala la importancia en esta evolución de las medidas que tomó el Ejecutivo sobre las bases de cotización para este año. La subida del 7% de las bases máximas iba a suponer un aumento de 850 millones, según las previsiones del Gobierno.

También el aumento del 22,3% salario mínimo interprofesional tiene influencia, ya que este incremento lleva aparejado en paralelo el de sus bases de cotización y eso se nota tanto en el régimen general como las cuotas de los desempleados (los servicios públicos de empleo cotizan sobre la base mínima por quienes cobran subsidios).

Más desde abril

Esta medida todavía no ha desarrollado todo su potencial sobre la recaudación procedente de los desempleados. A partir de abril, los beneficiarios por el subsidio para desempleados de más de 52 años cotizarán sobre una base equivalente al 125% del salario mínimo y no del 100% como hasta ahora. Por tanto, es muy probable que ese 8% se vaya más arriba.

También calculaba el Gobierno que iba a reportar un aumento adicional el cambio en las cotizaciones de los autónomos o en las cotizaciones por accidentes, aunque, de momento, su impacto es menor.

Más allá de las medidas adoptadas por el Gobierno, que justifican el escalón al alza de 2019, en la evolución es muy significativo el aumento de la afiliación, que crece casi al 3%. La otra pieza decisiva es la marcha de los sueldos, que se traslada a las bases medias, que aumentaban en torno al 2% en 2018.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que esta marcha de los ingresos no es suficiente para cubrir el desembolso en pensiones, que en estos dos meses crecía al 6,9%, hasta alcanzar los 17.000 millones de euros. Esta cantidad queda aún por debajo de la recaudación total porque no se han tenido que pagar todavía las extraordinarias. Cuando llegue ese momento, los gastos volverán a desbordar a los ingresos.

Para saber cuánto, habrá que esperar hasta final de año. Según el proyecto fallido de presupuestos, el desfase llegaría a 18.650 millones, el equivalente a un 1,5% del PIB. Esa cantidad sería similar a la de los últimos años. Por ejemplo, en 2018, los números rojos del sistema de pensiones se situó en 18.286 millones. Este agujero habría sido bastante menor si la revalorización de pensiones hubiera sido el 0,25% previsto. El aumento final del 1,7%, más la subida de las de viudedad, supuso una factura añadida de 2.000 millones.

Fuente: El País