Los países de la zona euro acordaron este jueves dar a sus cuentas públicas una orientación presupuestaria “ligeramente expansiva” en 2020 y 2021. Tras años reclamando estabilidad en las cuentas públicas, los ministros de Finanzas dieron luz verde a un documento que sugiere nuevos estímulos fiscales si riesgos como la guerra comercial o el coronavirus lastran aún más la economía. Siempre, eso sí, dentro de las normas del Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Los socios de la moneda única, además, dicen estar dispuestos a coordinar sus políticas.

A la austeridad le siguió la prudencia. En los últimos años, los países de la moneda única han arrancado el año con una recomendación de mantener una posición fiscal “ampliamente neutra” en el conjunto de la zona euro. Las llamadas del Banco Central Europeo para que Alemania y los Países Bajos se prepararan a invertir para suavizar la desaceleración apenas surtían efectos en esos Estados, que disponen de amplios colchones fiscales. A pesar de que los dos países se mostraron dispuestos a hacerlo, Alemania acumulaba un superávit público del 1,4% del PIB en el tercer trimestre del año; y Países Bajos del 1,7%, según los datos de Eurostat.

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Nuestro nivel de crecimiento es insuficiente”, sostuvo el ministro de Finanzas francés, Bruno Le Maire, quien destacó la importancia del acuerdo. “Es la primera vez que los países de la zona euro hemos dicho, ‘sí, estamos preparados para usar el presupuesto si vemos que hay una desaceleración y debemos tomar el relevo a la política monetaria”, añadió.

Tras un 2019 en el que Alemania creció apenas un 0,6% y con un 2020 que arranca con la amenaza de que el brote de coronavirus o Covid-19 pueda frenar el crecimiento, los países del euro decidieron pasar de la neutralidad fiscal a una “ligera” expansión. Apenas hubo debate en el Eurogrupo. En parte, porque el documento había sido trabajado de forma minuciosa a nivel técnico. Pero también porque Europa cree ver las orejas al lobo con la imprevisible política comercial de Donald Trump, y los crecientes focos de inestabilidad y malestar social, dentro y fuera del continente.

Los países del euro, según la recomendación aprobada en el Consejo, prevé que el crecimiento potencial de los Diecinueve se mantenga “por debajo de los niveles anteriores a la crisis” y que el mercado laboral mejore a un ritmo más lento, con retos pendientes sobre la “calidad del empleo”.

Además, el documento recuerda que la desaceleración llega cuando algunos países —Grecia o Italia— todavía no han recuperado los niveles de renta previos a la Gran Recesión, a la vez que las divergencias entre las economías del euro no se han cerrado. “En la coyuntura actual, se recomienda a los Estados miembros que adapten su orientación presupuestaria a su espacio fiscal disponible. Si se materializan los riesgos a la baja, la respuesta fiscal debe apuntar a una postura más de apoyo de nivel agregado, respetando nuestras reglas fiscales”, sostuvo en el Parlamento Europeo el presidente del Eurogrupo, Mário Centeno.

Lucha contra el fraude

El papel, no obstante, es el resultado de los equilibrios alcanzados a nivel técnico. Los países que defienden la disciplina fiscal aceptan que deberán dar un “mayor impulso a la inversión y otros gastos productivos” para favorecer el crecimiento a medio y largo plazo y “reequilibrar la economía de la zona euro”. Sin embargo, los más endeudados se comprometen a la prudencia y a las “reformas estructurales”, que consideran “cruciales” para mejorar la “sostenibilidad presupuestaria”.

Otro aspecto que dificultó la aprobación del texto fue la inclusión de las referencias a los trabajos para un acuerdo sobre “una base consolidada común” del impuesto de sociedades para evitar y luchar contra “el fraude, la evasión y la elusión fiscales”, en particular mediante “medidas contra la planificación fiscal abusiva”.

Fuente: El País