Su vida y su carrera resumen el futuro del automóvil: fusiones en varios idiomas para hacer frente a retos globales. John Elkann (Nueva York, 1976) es el heredero de cuarta generación de la familia industrial italiana por antonomasia, los Agnelli, y está dando un paso de gigante para consolidar el negocio de su familia ante la reconversión a la que se enfrenta el sector, negociando la fusión de Fiat Chrysler con Renault.

Italoamericano, John Philip Jacob Elkann tenía solo 21 años cuando fue elegido por su abuelo Gianni Agnelli para dirigir su emporio automovilístico (que incluye marcas como Alfa Romeo, Lancia y Ferrari), tras la muerte por cáncer de su tío Giovanni Alberto, a los 33 años.

Es desde 2011 presidente y consejero delegado de Exor, el holding controlado por la familia, que tiene un tercio de Fiat Chrysler y también es propietario de la aseguradora PartnerRe, varios diarios italianos, The Economist y la Juventus de fútbol. La facturación anual de Exor es de 162.000 millones de dólares, y controla casi 200.000 millones en activos.

En el funeral de hace unos meses por su abuela Mariela, Elkann recordó un incendio en el hogar familiar cuando tenía 12 años. La abuela sacó a todos los niños, incluido él, pero cuando todo acabó, le dijo que se sentía decepcionada porque John no le había dicho a ella que se quedara con los hermanos mientras él se quedaba vigilando la casa.

Es la clase de responsabilidad que tiene encima el primer hijo de Margherita Agnelli y el neoyorquino Alain Elkann, periodista y escritor de origen judío francés e italiano, que se divorciaron cuando él tenía cinco años. Tiene un hermano, Lapo, y una hermana, Ginevra, así como cinco medio hermanos del segundo matrimonio de su madre.

Elkann está casado con Lavinia Borromeo, de la familia aristocrática de la Casa Borromeo, con la que tiene tres hijos: Leone, de 12 años, Oceano, de 11, y Vita, de 7.

Fue a primaria en Reino Unido y Brasil, antes de que su familia se trasladara a París (habla, pues, cuatro idiomas, y chapurrea ruso), donde hizo el bachillerato científico; luego empezó a estudiar Ingeniería de Gestión en la Politécnica de Turín.

Su abuelo quería que estudiara Económicas, pero él prefirió “algo más difícil”, señala en Fortune. Sus primeras prácticas las realizó en varias empresas de Fiat: una fábrica de faros inglesa, una línea de producción polaca y un concesionario francés, y también en auditoría de General Electric, donde trabajó en una tesina sobre subastas electrónicas.

En 1997, a la muerte de su tío, y aún sin licenciarse, Elkann fue nombrado consejero de Fiat. En 2003 se incorporó a IFIL, ahora Exor, y trabajó en la reestructuración del grupo Fiat. Participó en el nombramiento del consejero delegado de Fiat Chrysler, Sergio Marchionne, en 2004. De todos modos, su papel en aquella época era obviamente secundario.

Tras la muerte de su abuelo en 2003 y de su tío abuelo Umberto en 2004, Elkann se convirtió en vicepresidente de Fiat y vicepresidente de Giovanni Agnelli Sapaz (actualmente Giovanni Agnelli), la sociedad familiar que controla Exor. Describe esos años como “muy oscuros”, cuenta el Financial Times, con cuatro CEO en poco tiempo.

En 2010, ascendió a presidente de Fiat, sucediendo al histórico Luca Cordero di Montezemolo, y a presidente de Giovanni Agnelli Sapaz.

La última gran crisis del grupo fue la muerte el año pasado de Marchionne, artífice de la fusión con la estadounidense Chrysler. Fue Elkann quien se entrevistó con él personalmente para dirigir la marca.

El heredero tiene el reto de mantener viva una empresa que data de 1899, manteniendo a la vez las raíces italianas mientras extiende sus ramas por el mundo.

Tras los intentos más o menos firmes de unirse a General Motors y Peugeot, la fusión que está negociando con Renault, que permitiría a los Agnelli ser el primer accionista del tercer productor del mundo, pretende reforzar la posición de Fiat en Asia, algo debilitada últimamente, y para lo que podrá contar con Nissan y Mitsubishi, aliados del grupo francés.

Por supuesto, está el desafío de competir en vehículos eléctricos y autónomos. Para eso le serán muy útiles sus frecuentes contactos con empresarios del sector del tecnológico, de Silicon Valley, por los que tiene especial querencia.

Su entorno le describe como discreto, casi tímido, muy educado y atento, con mucha capacidad de escuchar, pero también para mirar fijamente.

Sus aficiones son las típicas de los millonarios, como navegar en yate. Prefiere los coches pequeños y con capacidad de aceleración, no tanto muy rápidos. Ahora ha pegado un acelerón para mantener el legado de Fiat… hablando francés.

Fuente: Cinco Días