Ismael Clemente (Valencia del Mombuey, Badajoz, 1970) se ha tenido que acostumbrar a vivir bajo el escrutinio público y ser la diana de tantas alabanzas como críticas. Las primeras por haber convertido a Merlin Properties en la mayor sociedad de inversión inmobiliaria (socimi), junto a Colonial, por valor en Bolsa en tan solo cinco años. Las segundas, por cobrar el noveno mayor salario del Ibex pese a la oposición de los accionistas.

Clemente, consejero delegado de Merlin, no tiene cuenta personal en Twitter ni en Facebook o Instagram. Tampoco las necesita. Es conocedor de que cada una de sus opiniones, sugerencias y, hasta advertencias, al mercado inmobiliario y a los poderes políticos hacen mucho ruido. Con medio siglo de vida y más de 20 años de experiencia en el ladrillo, sabe lo que quiere decir y no le preocupa ser políticamente incorrecto. “Es consciente de lo que hace y le gusta ser así”, dicen quienes tratan con él. Quizá por eso Clemente reconoce que el mundo empresarial no es un camino de rosas y “hay competidores, aprovechados y hasta enemigos”, a los que cree que hay que tratar con el mismo respeto que a los amigos. Aviso a navegantes.

El empresario, de trato cercano, extrovertido, empático, bromista y guardián del acento extremeño, se ha convertido en el gran director de orquesta del ladrillo español. No le hace falta batuta para demostrar su virtuosismo. Sus colaboradores más cercanos le comparan, salvando las distancias, con José Tomás, un torero de leyenda, por “su visión superior a la del resto”. Sabe leer el mercado y oler las burbujas. En sus manos, todo parece un juego de niños.

Entre sus virtudes empresariales está la de haberse ganado la confianza de la gran banca —ha refinanciado su deuda por 1.550 millones de euros, la mayor conseguida por una inmobiliaria en Europa—. Pero es que antes de que existiera el buque Merlin, cuando Clemente capitaneaba la gestora Magic Real Estate —creada junto a su socio Miguel Ollero en 2012 y que fue el germen de la socimi—, convenció al fondo estadounidense Blackstone de las posibilidades de inversión que había en España. Corría el año 2013, momento en que nadie quería oír hablar del ladrillo español. Y así, Clemente trajo de la mano a Blackstone, que compró 1.860 viviendas protegidas del Ayuntamiento de Madrid por casi 130 millones de euros. Hubo otras operaciones, pero ninguna tan polémica y mediática.

A pesar de la mala imagen que ya tenían los fondos buitre por aquel entonces, fue el primero en dar la cara. Lo hizo en un programa de televisión, Salvados (La Sexta), en 2013. Defendió el papel de los fondos y atacó a la administración pública, tachando de populista su política de sobreendeudarse para construir vivienda social.

Es la misma vehemencia con la que defiende los sueldos de su cúpula, pese al voto de castigo de los accionistas por tercer año consecutivo. No considera esto como una mancha en su expediente y se afana en explicar por qué el pasado año ganó 6,46 millones de euros, el noveno mayor salario del Ibex. Justifica que Merlin es una de las firmas con mayor rentabilidad para los accionistas y la cotizada con mayor salario medio de sus empleados (134.756 euros).

Quién le iba a decir a este extremeño, hijo de profesores de EGB, que acabaría tratando y tomando cafés con Ana Botín (Banco Santander es accionista de referencia con un 22,3% de participación), aunque es algo de lo que nunca habla ni alardea, según sus colaboradores. En cambio, sí se afana en responder a Unidas Podemos por sus ataques al régimen fiscal de las socimi —“sí pagamos impuestos”, ha dicho en más de una ocasión— y en explicar que estas sociedades no son responsables de la subida del alquiler.

El ‘pastel’ más grande

Pero lo que de verdad importa ahora a Clemente es el proyecto Madrid Nuevo Norte, conocido como Operación Chamartín, el gran desarrollo inmobiliario de Madrid. El pastel más grande con el que se ha topado el directivo. Hace unos días, en un foro público, se quejaba de los retrasos en su tramitación —a la espera de la Comunidad de Madrid— y decía: “Me dan ganas de llevarme la Operación Chamartín a París”. Merlin solo tiene el 14,46%, que compró a Grupo San José, pero de sus palabras se desprende el interés por controlar esta macrooperación, que será el colchón para la firma los próximos 30 años.

Clemente siempre parece estar en el sitio preciso y en el momento apropiado. Ha liderado dos de las mayores operaciones del mercado inmobiliario español: la adquisición de Testa a Sacyr y la integración de Metrovacesa. Y acaba de arrancar en la Bolsa de Lisboa. Una especie de suerte que, sin embargo, nunca es improvisada. Quienes le conocen destacan su libertad. “Su forma de ser no ha cambiado, tiene los pies en el suelo”, constatan sus más estrechos colaboradores: Miguel Ollero —al que conoció en el internado jesuita de Villafranca de los Barros en el que estudió BUP— y Fernando Ramírez. También, su constancia, precisión, memoria fotográfica, creatividad, tenacidad y esfuerzo. “Sabe manejar los tiempos como nadie”, abundan. Pero también es un hombre con temperamento, inflexible e impaciente. Partidario de los despachos abiertos y de la ausencia de jerarquías en la oficina, dicen de él que se comporta igual con la realeza que con quien recoge tomates. Por esto, y por haber hecho de Merlin la socimi de mayor tamaño, con más de 12.400 millones de euros en activos bajo gestión, recibió el premio al mejor directivo en 2016.

Aunque nunca estuvo en sus planes ser un líder. De pequeño pasaba el tiempo entre libros de biología y soñaba con ser médico. Quién sabe si la comunidad médica se ha perdido un virtuoso del bisturí. Su vida fue por otros derroteros. Licenciado en Derecho y Administración y Dirección de Empresas, comenzó su carrera profesional en la desaparecida Arthur Andersen. Después recaló en Garrigues, bufete en el que conoció a María Fernández-Picazo, con quien tiene seis hijos. Con ellos desayuna cada mañana. Las 50 o 60 horas semanales que pasa en la oficina no le permiten disfrutar más de la familia, salvo los fines de semana cuando pone rumbo a tierras extremeñas. Cuando tiene algo más de tiempo, opta por navegar, cazar, leer o ver al Fútbol Club Barcelona. El fenómeno Merlin continúa.

Fuente: El País