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El enraizado hábito de usar y tirar

A finales de octubre, 250 organizaciones sin ánimo de lucro y empresas –entre ellas gigantes como Nestlé, Unilever, Danone o Coca-Cola–, que suponen el 20% de la producción mundial de envases, firmaron en Bali (Indonesia) el Compromiso global por la nueva economía del plástico, en el marco de una conferencia mundial sobre los océanos. El objetivo: que el 100% de estos materiales sea reutilizable, reciclable o convertible en compostaje en 2025.

Y es que cerca de ocho millones de toneladas acaban anualmente en los mares, lo que representa entre el 60%-80% de la basura marina, la mayoría en forma de microplásticos, recoge un informe de Greenpeace. Este colectivo ecologista ha criticado, sin embargo, la iniciativa liderada por la Fundación Ellen MacArthur –que busca acelerar la economía circular–, porque “prioriza el reciclaje sobre la reducción y la reutilización”, cuando la raíz del problema es otro: la producción masiva de unos productos que se usan y se tiran, puntualiza Cecilia Carballo, directora de programas de dicha entidad.

“Desde que la industria empezase hace 60 años, solo se ha reciclado el 9% de todos los plásticos generados en el mundo”, denuncia. Y aunque el anuncio es un paso importante, si se toma en cuenta que el vertido de desechos va en alza, también invierte el principio de un modelo económico que ambiciona Europa, el de las tres erres, que pretende primero reducir y, luego, reutilizar y reciclar para lograr un residuo cero, lo que implica convertir los desechos en recursos.

El panorama no es halagüeño. En el mundo se generan cada año poco más de 2.000 millones de desperdicios sólidos urbanos (hogares y comercios). Esto provoca la emisión de unas 30.000 toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera, de acuerdo con el estudio Los desechos 2.0: un panorama mundial de la gestión de desechos sólidos hasta 2050, publicado recientemente por el Banco Mundial.

El plástico y la basura electrónica, entre los que más crecen y que causan un mayor impacto en el medio ambiente

Y si no se toman medidas urgentes, advierte el organismo, crecerá un 70% en 2050, hasta los 3.400 millones de toneladas al año, debido a la rápida urbanización y el auge de la población, sobre todo en países emergentes, apunta. También pone el foco en los plásticos (242 millones de toneladas, que suponen el 12% del total de la basura, pero con previsiones de cuadruplicarse en 2050), por su impacto negativo en los ecosistemas y los recursos hídricos.

“Si se aplicara la economía circular en este mercado, se podrían generar ahorros de unos seis millones de toneladas, una oportunidad económica de unos 7.900 millones de euros”, calcula otro análisis de la EAE Business School.

La basura electrónica es otro punto crítico. La Universidad de las Naciones Unidas estima que en 2021 se superarán los 50 millones de toneladas. “El ritmo de crecimiento de este tipo de residuos es tres veces mayor al del resto por la vorágine del consumo tecnológico en la que estamos inmersos”, señala José Pérez, consejero delegado de Recyclia.

Pero también por la obsolescencia programada, añaden desde EAE Business School, una cuestión que se considera delito en Francia, conlleva una pena de prisión de dos años y una multa de 300.000 euros, tras su inclusión en la Ley de Transición Energética y Crecimiento Verde de 2015 para combatir una determinación impuesta por los fabricantes.

El lento avance español

España no es ajena a esta tendencia. Si bien la tasa de reciclaje ha pasado del 18% en 2000 al 30% actual, según cifras de Eurostat, todavía está muy por debajo de la media europea (45%), colocando aún el 60% de sus desechos en vertederos. Una situación de avance lento que complica los objetivos marcados por la Unión Europea a 2025 y 2035, del 55% y 65%, respectivamente, y que no se tire al basurero más del 10% de los desperdicios.

Para más inri, tampoco disminuye la producción de desperdicios, que se sitúa en una media por habitante de 466,4 kilogramos al año, con Baleares, Canarias y Cantabria a la cabeza.

“La generación de residuos constituye una de las problemáticas ambientales más importantes y difíciles de atajar, ya que está fuertemente vinculada con el modelo de consumo de la sociedad”, insiste Carballo, de Greenpeace.

“Debemos seguir el principio de jerarquía de la gestión de residuos, que consiste en reducir la producción mediante el incremento de la vida útil de los productos que consumimos, elevar la reutilización a través de la reparación y el reacondicionamiento y su valoración, para aprovecharlos como materias primas”, inciden en Signus, que gestiona los neumáticos y que desde 2006 aplica la economía circular, dado que el Real Decreto Ley 1481/2001 prohibió desde entonces su depósito en vertederos.

Mientras, para Ecoembes y Ecovidrio es urgente abordar la recogida de fracciones que van con mayor retraso, como la orgánica, que representa el 37% del total de desechos y cuyo reciclaje será obligatorio en 2020 en ciudades de más de 5.000 habitantes, o el textil y las celulosas, que suponen el 10%. Esto ayudaría a cumplir las metas europeas, creen, ya que, pese a que se recicla el 77% de los envases domésticos y el 73% de las botellas de vidrio, apenas significan el 8% y el 7% del total de los desechos municipales.

No obstante, las Administraciones comienzan a tomar medidas en este sentido. Desde octubre pasado, el Ayuntamiento de Madrid empezó a incorporar el cubo marrón en la capital para la separación en origen de la orgánica. Un plan progresivo, en tres fases hasta diciembre, que abarca a doce distritos, de los cuales ya funciona en nueve. Solo quedan pendientes los de Latina, Vicálvaro y Hortaleza, a partir del día 1 del próximo mes.

Además, el Gobierno, a través del Ministerio para la Transición Ecológica, “está a punto de aprobar” la Estrategia de economía circular 2030, en línea con las directrices marcadas por la UE, anticipan desde Signus, Ecovidrio y Ecoembes. De hecho, esta última organización, por medio de su centro de innovación TheCircularLab, acaba de lanzar la app gratuita A.I.R-E, el primer asistente virtual de reciclaje, un chatbot que despeja las dudas de los usuarios.

Gobiernos, empresas y organismos internacionales trabajan para conseguir la difícil meta europea de residuos cero

En tanto, Coca-Cola afirma que desde 2017 el 100% de sus envases son reciclables y que, para cumplir con el pacto de sostenibilidad mundial suscrito, trabaja en la reducción del uso de agrupadores plásticos o Hi-Cone (el material que sujeta las latas en los packs) en el embalaje de sus envases de bebidas y su eliminación en los canales que no aporte valor, el caso de España, y en el menor uso de materias primas, priorizando las recicladas, y lograr la recuperación total de sus envases.

“Entre 2010 y 2016, la ratio de generación de residuos por litro de producto fabricado se ha reducido en un 35%, evitando el vertido de más de 28.000 toneladas, y en un 66% la cantidad que va al vertedero. Y solo en 2016 hemos destinado a valorización el 92%”, precisa Carmen Gómez-Acebo, portavoz de Coca-Cola European Partners Iberia. O la portuguesa Renova, que ha eliminado el plástico de sus paquetes de papel higiénico.

Así que, pese a las dos velocidades, todos los agentes empiezan a poner su granito de arena para acelerar de una vez por todas el cambio del modelo productivo. Lo que implica también una transformación cultural tanto para la industria como el consumidor, lo más difícil, avisan las organizaciones.

De ahí que se requiera la participación de todas las fuerzas sociales –Gobierno central y autonómico, empresas, usuarios, instituciones– para acabar con el enraizado hábito de usar y tirar y la implementación de medidas efectivas contra la contaminación, añaden.

Transparencia, compromiso, inversión, innovación, educación y concienciación son las palabras que más repiten.

Otras peticiones

Reciclaje

Educación. Es una de las claves para concienciar a la población sobre los efectos de la sobreexplotación de recursos en el entorno y la necesidad de avanzar en la reutilización. La ONU advierte de que, si se mantiene el modo de vida actual, harían falta los recursos de tres planetas para abastecer a la población.

Normas. Extender la responsabilidad al productor; fijar medidas que garanticen la correcta gestión, sobre todo en grandes generadores, y vigilar su cumplimiento; instalar plantas de tratamiento de biorresiduos y revisar los cánones de vertido, sugiere José Manuel Núñez-Lagos, director general de Ecovidrio. Y que se penalice la incineración y el vertido.

Combatir el fraude. Endurecer la lucha contra la piratería, los robos en puntos limpios y la venta y exportación a países sin infraestructuras de reciclaje en la gestión de la basura electrónica, reclama José Pérez, CEO de Recyclia, pero también en la textil o el cartón, visible en el centro de Madrid y sin que las autoridades tomen cartas en el asunto.

Economía circular. Su implantación puede generar 1,8 billones de euros en 2030 en la UE, según las previsiones.

Fuente: Cinco Días

By |2018-11-23T08:04:28+00:00noviembre 23rd, 2018|Actualidad de Empresas, Actualidad Económica, Cinco Días|Comentarios desactivados en El enraizado hábito de usar y tirar