El dieselgate, la manipulación de los motores de Volkswagen para que mostraran unas emisiones contaminantes inferiores a las reales, continúa haciendo mella en los resultados de Grupo Volkswagen. En el primer trimestre del año tuvo un impacto de unos 1.000 millones de euros, según ha comunicado hoy el consorcio germano, que también ha reconocido que sus resultados hasta marzo se vieron afectados por la caída del mercado de vehículos. En conjunto, esos dos factores estuvieron detrás de que el grupo redujera un 7,5% su beneficio neto en el primer trimestre, hasta los 3.053 millones de euros.

Grupo Volkswagen cerró el primer trimestre con unos ingresos de 60.012 millones de euros, un 3,1% de crecimiento. Su beneficio operativo alcanzó los 3.868 millones de euros, un 8,2% menos, al tiempo que sus matriculaciones mundiales se situaron en 2,6 millones de unidades, lo que representa una caída del 2,8%. Audi (1.100 millones de euros), seguido de Volkswagen (921 millones) y Porsche (829 millones) fueron las marcas que más aportaron al beneficio bruto de explotación, según la memoria trimestral publicada por el grupo.

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Seat continuó con un buen ritmo y, de hecho, marcó otro récord trimestral de beneficio operativo. Obtuvo 89 millones de euros, un 5,5% más, aunque el crecimiento ya no es el que tuvo el pasado ejercicio. Esa desaceleración se explica por los mayores costes operativos que la marca española está asumiendo para conseguir lanzar su nueva batería de vehículos, que supone la actualización de modelos ya existentes y su desembarco en el segmento de los híbridos enchufables y los eléctricos.

Entre enero y marzo Seat vendió 129.000 unidades y sus ingresos por ventas superaron los 3.000 millones de euros (3.053 millones), un 9,7% más que un año antes. El grupo recuerda que «tanto Seat como Volkswagen funcionaron especialmente bien, ambos logrando su mejor primer trimestre en su historia». En el caso de la marca española asegura que el aumento de ventas «más que compensa el negativo impacto del incremento de los costes».  

Fuente: El País