El pasado mes fue el peor marzo en términos de demanda de cemento desde 1965, si se excluyen los años de la reciente crisis financiera. La patronal Oficemen ha revelado esta mañana que el consumo en España fue de 923.581 toneladas, lo que representa una caída del 28,3% o de más de 363.000 toneladas respecto a marzo de 2019.

El sector venía de experimentar disminuciones en la demanda del 4,5% entre enero y febrero, circunstancia que se ha agravado tras el decreto del Estado de Alarma por el coronavirus. Desde ese momento, el desplome se ha acelerado hasta el 50% en las últimas semanas del mes debido a la intermitencia de la actividad constructora.

“Con seguridad, los datos de abril, que incluyen la completa paralización del sector de la construcción entre los días 30 de marzo y 12 de abril, seguirán mostrando peores cifras de consumo de cemento que, no olvidemos, es el indicador adelantado del estado de salud de la construcción”, apunta el presidente de Oficemen, Víctor García Brosa. Este representante del sector argumenta que la construcción, con un 8,5% del empleo en este país, “debe ser una pieza fundamental para la recuperación de la economía tras la pandemia, más aún si tenemos en cuenta que la reactivación del turismo, otro de los grandes pilares, será mucho más lenta y compleja”.

Con la crisis desatada en marzo, la caída en la demanda de cemento en el acumulado de este 2020 ya es del 12,7%, con una pérdida de 457.000 toneladas, y deja el consumo local en el primer trimestre en 3,1 millones de toneladas.

La exportación como tabla de salvación

Las cementeras españolas han enfocado buena parte de sus esfuerzos a reanimar unas exportaciones que venían cayendo los últimos 33 meses. En el crítico marzo las ventas al exterior han subido un 11%, con un incremento de 54.588 toneladas frente a marzo del año pasado.

En el acumulado del año las exportaciones pierden un 10,6% y en el año móvil el desplome es del 22%. Las compañías achacan esta menor salida de cemento hacia el exterior a la dificultad de competir en precios con productores de África, Oriente Medio o Asia, incluso de Europa, por costes energéticos unas veces o por las condiciones laborales y ambientales de producción, otras.

En medio de esta coyuntura, la importación de cemento a España crece un 60% en los últimos 12 meses, con cerca de un millón de toneladas, ante lo que Oficemen ha demandado medidas de control al material que entra en el país.

Mirando el año móvil (abril de 2019-marzo de 2020) el efecto del Covid-19 deja en rojo la evolución de la demanda, con un ligero retroceso del 0,2%. Oficemen apunta que la demanda de 14 millones de toneladas en los últimos 12 meses iguala los consumos de España en 1967.

“Solicitamos al Gobierno la aprobación urgente de un Plan Nacional de Construcción Verde que compense la caída del sector turístico durante 2020-2021, y que debería impulsar, entre otras, las infraestructuras relacionadas con la Agenda 2030«, señala García Brosa. Entre ellas están las vinculadas con la gestión y depuración del agua, las de movilidad sostenible, las relacionadas con la sanidad, las de mejora de la red ferroviaria, las necesarias para la prevención de los efectos del cambio climático, la red de energías renovables y las infraestructuras para la economía circular y el urbanismo sostenible.

El presidente de Oficemen recuerda que grandes volúmenes de trabajadores se trasladaron durante la crisis de 2008 de la construcción a los servicios turísticos y de hostelería, una vía de escape que en esta nueva crisis está totalmente cerrada.

Las cementeras también se han ofrecido al Gobierno para usar sus hornos para destruir los residuos sanitarios generados por la atención a enfermos por coronavirus, tal y como señala la Orden del Ministerio de Sanidad SND/271/2020, de 19 de marzo, en función de las características técnicas y demandas de producción de cada fábrica.

Fuente: Cinco Días