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Mario Draghi traga saliva y espera. Después del bombazo del mes pasado, cuando anunció que los tipos de interés iban a seguir a cero más tiempo del previsto y que los bancos se beneficiarían de nuevas inyecciones de liquidez, el Banco Central Europeo (BCE) se ha tomado un respiro. En la reunión del consejo de gobierno de la institución celebrada el miércoles en Fráncfort, no ha habido ningún cambio frente al discurso previo.

«El consejo de gobierno espera que los tipos de interés oficiales del BCE se mantengan en los niveles actuales al menos hasta el final de 2019 y en todo caso durante el tiempo necesario para asegurar la continuación de la convergencia sostenida de la inflación hacia niveles inferiores, aunque próximos, al 2% a medio plazo», asegura el comunicado oficial, un calco del publicado el 7 de marzo.

Draghi mantiene el tono pese a que desde marzo hasta aquí hay cosas que han cambiado. La amenaza proteccionista subió el martes un escalón al amenazar el presidente Donald Trump con imponer sanciones a productos de la UE por valor de 11.000 millones de dólares (algo menos de 10.000 millones de euros). Los riesgos de un Brexit salvaje han aumentado como resultado de la incapacidad del Reino Unido de salir del laberinto político en el que se halla.

El Fondo Monetario Internacional ha dado en su reunión de primavera carta de naturaleza a la preocupación por la coyuntura económica. El organismo que encabeza Christine Lagarde acaba de rebajar las previsiones de crecimiento global para este año al 3,3%, y las de la eurozona al 1,3%. El BCE ya había hecho lo mismo el mes pasado, cuando dijo que solo confía en un crecimiento del 1,1%.

El comunicado del BCE no anuncia tampoco ningún cambio sobre algo que se había especulado: la posibilidad de que el eurobanco echara un capote a la banca tocando la facilidad de depósito, que es el tipo de interés que pagan los bancos por dejar dinero aparcado en las arcas del BCE. Este tipo lleva en territorio negativo desde junio de 2014 y ya ha costado a la banca europea unos 7.500 millones de euros.

El propio Draghi sugirió el pasado mes de marzo algún tipo de mejora para reducir los efectos perjudiciales sobre la banca de los tipos negativos, un problema sobre el que las entidades europeas se quejan cada vez de forma más abierta. La banca muestra su preocupación por un entorno de rentabilidad a la baja y una coyuntura económica que no hace más que empeorar. Habrá que esperar a la rueda de prensa que comenzará en Fráncfort a las 14.30, hora española, para ver cómo modula el italiano su mensaje en torno a los bancos y la posibilidad de modular los tipos negativos que estos tienen que pagar.

Fuente: El País