La vicepresidenta tercera del Gobierno y ministra de Economía, Nadia Calviño, ha aclarado que los cambios en la reforma laboral de 2012 van a empezar por derogar el despido justificado de trabajadores con baja médica. En declaraciones al diario económico británico Financial Times, Calviño, ha señalado que esta medida tiene un amplio apoyo y que «el resto de temas se canalizarán a través del diálogo social».

«Nosotros queremos reforzar este diálogo social para asegurarnos que cualquier reforma es equilibrada, no perjudica la creación de empleo y perdurará durante un número de años», continúa la máxima responsable de la política económica.

Durante las semanas posteriores a la puesta en marca del Gobierno, Calviño y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, procedente de Unidas Podemos, parecían decir cosas distintas. Mientras la primera hablaba de la derogación de los «aspectos más lesivos» de la reforma laboral, la segunda ponía el acento en una derogación o cambios de la medida estrella del Partido Popular en 2012. Si bien, Díaz dice que debía hacerse en varias fases.

Estas declaraciones de Calviño, como las que hiciera Díaz en una entrevista en EL PAÍS, parecen estar en la misma línea. No obstante, es verdad que, en ellas, la titular de Economía no entra a decir si se cambiará toda la reforma o parte de ella, lo que sí podría resaltar más las diferencias con su compañera de gabinete.

Además de las declaraciones sobre la reforma laboral, la vicepresidenta también ha tratado de calmar a los inversores de la City londinense en el Financial Times. «No veo razones para que estén asustados cuando ellos conocen lo que hemos estado haciendo durante los últimos 20 meses», subrayando el compromiso de respetar las reglas presupuestarias europeas, que ella conoce bien, pues fue directora general de presupuestos de la Unión Europea. 

No obstante, la ministra deja claro que esa estabilidad de las cuentas públicas no se logra sin tener en cuenta la situación social: «A largo plazo no puedes lograr la estabilidad económica y financiera sin estabilidad social».

Fuente: El País