Uno tras otro, los informes trimestrales de Bruselas advierten de los mismos retos que afronta la economía europea: las guerras comerciales, el Brexit o la debilidad de la industria del continente. Y a medida que esos riesgos se instalan en la actividad económica, aparecen nuevos peligros. La desaceleración ya no es cosa de las economías de Europa Occidental, sino que se ha extendido al Este. Y amenaza, además, con contaminar al sector servicios. Ante ese diagnóstico, la Comisión Europea ha rebajado de nuevo las previsiones de crecimiento para la zona euro en una décima este año, hasta el 1,1%, y dos el que viene, hasta el 1,2%. En 2021, se espera una expansión idéntica, del 1,2%. España no escapa de esa dinámica: irá expandiéndose menos y la tasa de paro no bajará del 13% hasta 2021. Y Bruselas advierte de que, sin Presupuestos, el déficit público será del 2,2% el año que viene, medio punto superior al previsto por el gobierno.

«Europa entra en una fase más plana, con riesgos bajistas, pero sin riesgo de recesión», señaló este jueves el comisario de Asuntos Económicos y Monetarios, Pierre Moscovici. Las Previsiones de Otoño de la Comisión Europea señalan el pobre crecimiento de Alemania por la debilidad de la industria manufacturera, de solo el 0,4% este año, y el estancamiento de la economía italiana (0,1%). No son tiempos «lúgubres» ni «oscuros» para Moscovici, pero sí de un «nuevo régimen» de crecimiento moderado con «riesgos a la baja» procedentes de dentro y fuera de la Unión.

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El gobierno de Angela Merkel sigue sin dar el salto necesario para estimular su economía y, por extensión, la del resto de los socios de la moneda única al optar por una «modesta» expansión fiscal equivalente al 1% del Producto Interior Bruto (PIB) del periodo de entre 2019 y 2021.  Y en Italia, las finanzas públicas siguen bajo una elevada presión, con un déficit que podría llegar al 2,7% del PIB en 2021 y una deuda que podría escalar hasta el 137,4%. «Si hace un poco de frío, habrá que subir la calefacción», dijo Moscovici, aunque reservó a los países con mayor superávit el margen de hacer entrar en calor al resto y pidió a los países más endeudados que sigan saneando sus finanzas.

Las otras dos grandes economías, Francia y España, seguirán creciendo por encima de la media. París recoge los frutos de las medidas de gasto que tuvo que desplegar para tratar de atajar la crisis de los chalecos amarillos y crecerá el 1,3% este año y el 1,4% el que viene. La Comisión recorta la previsión de España en cuatro décimas, del 2,3% al 1,9%. Sin embargo, dos décimas de esa rebaja se deben a las revisiones ejecutadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras que otras dos décimas se deben a la tendencia observada en el segundo trimestre del año. «El crecimiento seguirá descendiendo en España del 1,9% al 1,5%, lo que sigue siendo una cifra digna, por encima de la UE», sostuvo Moscovici.

Bruselas prevé, aun así, que la economía española siga enfriándose y entre en esa fase de crecimiento mediocre en el que se instalará el conjunto de la zona euro. En 2021, la expansión será del 1,4%, igualmente por encima de los Diecinueve, pero la brecha se irá cerrando. El informe señala que los riesgos «a la baja» se producen en un contexto de «elevada incertidumbre», relativa a tanto a «riesgos externos como domésticos», como las tensiones comerciales o el comportamiento más precavido de los consumidores, que ante la posibilidad de una época de vacas flacas deciden ahorrar más y gastar menos.

Moscovici quitó hierro a la inestabilidad política en España y destacó que la economía ha «mantenido crecimientos envidiables con gobiernos minoritarios desde 2015». Ese, pues, no parece a juicio del comisario un «factor que tenga repercusiones en el crecimiento», pero sí «en la ralentización en el ritmo de reformas estructurales». Por ello, pidió a los responsables políticos (hiciendo hincapié en que no iba a entrar a decir cuáles en plena campaña) a adoptar medidas para «apuntalar» la situación económica. «No quiero que mi mensaje sea malinterpretado. A pesar de la bajada de crecimiento, resulta obvio que la economía española estáe n una situación de mayor fortaleza que en el pasado», agregó.

La deuda, al 96% del PIB en 2021

El descenso de las importaciones permitirá que el saldo exterior se mantenga positivo, mientras que la inversión, también en construcción, se irá moderando a lo largo de lo que queda de año y el que viene. Ese contexto se traducirá también en el mercado laboral. Seguirá creciendo, pero el ritmo de creación de empleo caerá a la mitad al pasar del 2,2% de este año al 1% el que viene y el 0,8% en 2021. De ese modo, la tasa de paro no bajará del 13% hasta dentro de dos años, cuando se situará en el 12,8%.

El crecimiento económico irá permitiendo rebajar el desfase presupuestario de España, pero Bruselas no prevé que lo haga al ritmo previsto por la ministra Nadia Calviño. Los técnicos de la Comisión auguran que el aumento de los ingresos tributarios permitirán que este año el gobierno cierre con un déficit del 2,3% del PIB, tres décimas por encima del plan remitido por Calviño a Bruselas el pasado mes de octubre. Y a partir de ahí, la rebaja será muy gradual: «en ausencia de presupuestos», resalta el informe, del 2,2% en 2020 (cinco décimas más de lo contemplado en España) y del 2,1% en 2021. Un rimo similar seguirá la deuda pública, que se situará en el 96% del PIB en 2021, de acuerdo con las previsiones, gracias al crecimiento y la bajada de los intereses.

Fuente: El País