MADRID, 14 Mar. (EUROPA PRESS) –

Los residentes de dos estados de Alemania han comenzado a acudir a las urnas este domingo para elegir a sus representantes locales en el primer evento del gran año electoral que culminará el 26 de septiembre, con los comicios que decidirán al sucesor de la canciller, Angela Merkel, y el principio de una nueva era en Alemania sin la mujer que ha guiado su destino durante más de 15 años.

Pruebas de la trascendencia de este momento han sido los sucesivos movimientos que algunos de los principales partidos alemanes han llevado a cabo en sus cúpulas durante las últimas semanas, caso de La Izquierda (Die Linke), que eligió a principios de mes a Janine Wissler y Susanne Hennig-Wellsow para trazar la estrategia final de cara a los comicios generales, o, sobre todo, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido de Merkel, ahora encabezada por el primer ministro del estado de Renania del Norte-Westfalia, Armin Laschet.

Si acaso, las elecciones de este domingo en Renania-Palatinado y Baden-Wurtemberg servirán de punto de orientación para los partidos alemanes: una suerte de encuesta encubierta en la que participará una quinta parte de la población alemana y en un momento de cierta incertidumbre para la gran alianza conservadora que forma la CDU con su «partido hermano», la Unión Cristiano Social de Baviera (CSU), cuyo líder, Markus Soeder, aspira a romper la tradición y convertirse en el gran candidato del bipartito para suceder a Merkel, una nominación reservada habitualmente al líder democristiano, Lascher en este caso.

Los pronósticos para los comicios en ambos estados dejan entrever ciertas transformaciones que ha atravesado la política alemana durante los últimos años, que han mermado el sistema de las grandes coaliciones, como la que aúna ahora mismo a la CDU/CSU con el Partido Socialdemócrata (SPD). El dominio de los conservadores a nivel federal sigue siendo evidente — en estos últimos meses más que nunca gracias a la aprobación popular de la gestión realizada por Merkel en la lucha contra la pandemia — pero los socios podrían cambiar según se vaya desarrollando el año.

Así las cosas, mientras en Baden-Wuertemberg la conservadora Susanne Eisenmann lleva las de perder frente al ecologista Winfried Kretschmann, de Los Verdes y desde hace meses por delante en las encuestas, la situación tampoco es más favorable para la CDU en Renania-Palatinado, donde el democristiano Christian Baldauf está viendo cómo disminuye su ventaja en las encuestas sobre la actual primera ministra regional, Malu Dreyer, que lleva los últimos siete años gobernando en coaliciones con Los Verdes y el Partido Liberal.

Ninguno de estos partidos emergentes ha destacado más que Alternativa para Alemania (AfD), la formación de ultraderecha que se ha convertido en la principal fuerza de oposición al Gobierno alemán, que inicia este «superaño electoral» en un momento de crisis, mermado por las disputas internas y la erosión a su imagen que ha provocado la decisión — ahora suspendida cautelarmente por un tribunal — tomada por la Oficina de Protección para la Constitución de someter al partido a estricta vigilancia por considerarlo un impulsor del extremismo en el país.

En este sentido, las encuestas recogidas por la agencia DPA apuntan a que la AfD mantendrá su presencia en ambos parlamentos regionales, pero con peores resultados que en 2016, reflejo de su caída en las encuestas sobre la confianza popular, como la publicada en enero por el instituto demoscópico Forsa, encargado por el canal RTL/ntv, que le asignaba un retroceso del 5 por ciento, el más acusado de todos los partidos que aparecían en el sondeo.

A pesar de la tensión en la carrera sobre su liderazgo, la CDU/CSU confía en que la figura de Merkel sirva para revalidar su mandato sobre el país el próximo mes de septiembre. En este momento, la respuesta liderada por la mandataria sobre la crisis del coronavirus parece ser su regalo de despedida a la alianza: un 40 por ciento de los encuestados por Forsa les consideran los más capacitados para hacer frente a los problemas del país; un 21 por ciento más que antes del estallido de la crisis. El impacto de la canciller ha beneficiado incluso a los socialdemócratas, que han subido ligeramente en confianza frente al retroceso generalizado del resto de formaciones.

Así las cosas, en este punto, ningún otro partido está capacitado para derrotar en septiembre a la CDU/CSU. De hecho, ni siquiera hay una coalición alternativa capaz de hacerles frente, como la que se ha planteado en más de una ocasión entre Los Verdes y los propios socialdemócratas. «Sería mi gobierno deseado, si pudiera elegir», explicaba en enero el líder ecologista, Michael Kellner, a sabiendas de que las encuestas dan a la suma de ambos partidos menos del 40 por ciento de los votos.

EL ESCÁNDALO DE LAS MASCARILLAS

A pesar de sus buenos pronósticos para finales de año, el líder parlamentario adjunto del bloque CDU/CSU, Thorsten Frei, ha reconocido que la formación se ha encontrado con una «crisis de credibilidad» ante un escándalo de comisiones por la entrega de mascarillas contra el coronavirus a Azerbaiyán, que ha afectado a varios diputados.

«En los últimos 20 años, esta es sin duda una de las crisis más graves en las que nos hemos visto envueltos como Unión. Difícil sobre todo porque se trata de una crisis de credibilidad», ha explicado al canal de Internet Bild Live, donde ha estimado que la CDU ha sufrido un «enorme daño» en la antesala de las elecciones regionales de este domingo, así como antes de las elecciones municipales en Hesse.

Tres legisladores abandonaron el grupo parlamentario de la CDU/CSU bajo presión pública tras conocerse que ellos o sus empresas habían recibido comisiones por intermediar en las máscaras de protección de coronavirus, o después de que surgieran sospechas de influencia pagada a favor del autoritario Gobierno de Azerbaiyán.

Los tres implicados rechazaron las acusaciones. Sin embargo, la jefatura del grupo parlamentario pidió a los diputados que declararan antes del viernes por la tarde que no habían recibido ningún beneficio económico en relación con la lucha contra la pandemia de coronavirus, ni directamente ni a través de empresas. Los 240 diputados de la CDU y la CSU en el Parlamento germano firmaron la declaración de honor correspondiente.

La vicepresidenta del grupo parlamentario de la CDU/CSU, Gitta Connemann, expresó su alivio, al igual que el jefe de la bancada de la CSU, Alexander Dobrindt, quien amenazó con expulsar a los diputados que respondiesen incorrectamente.

«Las declaraciones son claras. Y todo el mundo sabe lo que significa no declarar la verdad aquí: esos colegas ya no tendrían un lugar en nuestro grupo parlamentario», ha declarado a la televisora ZDF.

Sin embargo, en las filas conservadoras también se alzaron voces que habrían deseado una investigación más exhaustiva ante la sospecha de prácticas de lobby de dudosa reputación a favor de Azerbaiyán.

«Me habría gustado que la consulta hubiera sido más amplia, no solo sobre los equipos médicos y las mascarillas, sino que se controlase todo», expresó el diputado democristiano Roderich Kiesewetter.

En opinión de Frei, la crisis no puede resolverse en pocos días. «Por eso, creo que es tan crucial que nos pongamos inequívocamente al frente de los que quieren evitar que estas cosas ocurran en el futuro», continuó.

Sin embargo, para el primer ministro del Sarre, el democristiano Tobias Hans, se trata de casos aislados. «No es un problema estructural en la CDU o la CSU. Muchos de mis colegas están furiosos», ha indicado al diario ‘Neue Osnabrücker Zeitung’. En este sentido, Hans recordó que los conservadores han iniciado negociaciones con sus socios de gobierno socialdemócratas para aumentar la transparencia sobre los ingresos adicionales de los diputados.

Fuente: Europa Press