La pesadilla laboral de Yndonee Gómez comenzó con un accidente de moto mientras repartía para Deliveroo. Esta venezolana de 57 años estaba acostumbrada a caerse del vehículo cuando entregaba a contrarreloj las cenas a docenas de madrileños cada noche. “Te levantabas y seguías porque si no, no cobrabas”, recuerda. No obstante, esa noche de septiembre de hace tres años, por primera vez no pudo incorporarse para seguir su ruta. La tibia se le había roto, con secuelas permanentes que acabaron con su trayectoria como rider. Desde aquel momento, la empresa se desentendió de ella: a sus ojos, nunca fue su empleada, sino una autónoma más. Sin seguro y sin trabajo, Gómez no sabía que solo era el principio de un infierno legal del que hoy aún no ha escapado.

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El pasado 23 de enero, más de dos años después del accidente, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) publicó una sentencia que reafirma la relación laboral que mantenían más de 500 riders con Deliveroo. Entre ellos, Gómez. La conclusión de los magistrados -votada con unanimidad- confirmó lo que la Inspección de Trabajo ya declaró en sus expedientes tras investigar a la empresa: los repartidores son asalariados, no autónomos. Aun así, Deliveroo se niega a considerarlos sus empleados y ha recurrido al Tribunal Supremo.

Mientras tanto, en el sistema informático de la Seguridad Social, Gómez figura como empleada de Deliveroo. Fue dada de alta en el régimen general en 2018 a consecuencia del expediente de la Inspección de Trabajo, al igual que los más de 8.000 falsos autónomos contabilizados en plataformas digitales el año pasado. En su caso, esta incongruencia burocrática se ha convertido en un laberinto administrativo: no puede acceder a ayudas por desempleo ni entrar en programas públicos de ofertas de trabajo, ya que figura como contratada aunque desde su accidente no haya recibido ni un euro de la empresa. Desde su situación, excepcional según reconoce la Seguridad Social, Gómez pide a la compañía que asuma responsabilidades y le dé un empleo adecuado a su condición. O al menos, que la despida con la correspondiente indemnización. Deliveroo rechaza ambas ideas. La lógica de la compañía es simple: no despedirá a alguien que nunca contrató.

Francisco Javier Ferrer tuvo más suerte con su accidente de moto, pero le costó también el trabajo. Glovo lo “desconectó” de la aplicación mientras se recuperaba. Dos años y dos sentencias después, su caso está también pendiente del Supremo. Aunque ganó el juicio en segunda instancia, no ha visto ni rastro de los gastos que asumió como falso autónomo: las cotizaciones, la gasolina o el seguro de la moto. Tendrá que esperar al juicio del Supremo y ganarlo. No obstante, para Ferrer: “Lo más importante es que este modelo de empleo se acabe. Si sigo adelante es para que entiendan de una vez que los riders tienen los mismos derechos que cualquier trabajador. Yo me sentía más un esclavo que un autónomo”. Glovo ha rechazado hacer comentarios, a la espera de la sentencia.

Otros riders han acabado convirtiendo su lucha en parte de su vida. Felipe Diez era un repartidor de Deliveroo que denunció frente a la Asamblea de Madrid su situación laboral. “Antes de mi ponencia con los diputados trabajaba 30 horas a la semana. Después la plataforma me las redujo a cuatro, sin explicación alguna. Es su nueva estrategia. En vez de desconectarte, si te quejas te reducen las horas de trabajo hasta hacerlo inviable”, afirma Diez, aunque la empresa niega cualquier tipo de sanción. Este chileno de 30 años, doctorando en Sociología, demandó a la empresa por despido improcedente y pasó a convertirse en un activista acérrimo. Hasta dedicó su tesis a esta lucha laboral bajo el título Mi empresa es mi cuerpo.

De los juzgados al Congreso

Desde Deliveroo lo tienen claro: “Los riders son autónomos”. La empresa argumenta la libertad de los repartidores para rechazar encargos y operar con la competencia o la disposición para elegir su propio horario, una defensa que no le ha servido ante los jueces ni los inspectores de trabajo en este último macrojuicio. La compañía también recuerda que ha incorporado un seguro que da cobertura a los repartidores. Una póliza que no le valió a Gómez, ya que su accidente ocurrió antes de que se añadiera dicha cláusula. 

Rubén Ranz, coordinador de la plataforma de UGT turespuestasindical.es, desde la que se han dirigido denuncias contra Deliveroo y Glovo, y el colectivo de extrabajadores Riders X Derechos, aseguran que estas empresas han ido modificando su modelo para seguir evitando una fiscalidad y una responsabilidad para con sus trabajadores.

Pese a ello, a ojos de Ignasi Beltran, profesor en Derecho del Trabajo de la Universitat Oberta de Catalunya, las últimas sentencias están cerrando la vía legal a estas empresas.“Es muy difícil que eludan que sus repartidores no sean trabajadores por cuenta ajena, tal y como se ha descrito en la última sentencia. Además, hay una nueva directiva de la Unión Europea que reconoce a los empleados el rechazo al trabajo, anulando uno de sus principales argumentos”, explica Beltran, que añade: “La única opción que les queda es forzar una nueva figura laboral. La del autónomo digital”.

Adigital, patronal de estas plataformas, ha propuesto modificar la legislación para incluir este nuevo modelo laboral. “Abogamos por abrir un debate para dar garantías jurídicas a las empresas y a los autónomos que usan estos servicios, siempre en el marco de una relación mercantil, no laboral”, explica José Luis Zimmerman, portavoz de Adigital, quien afirma que muchos riders están contentos con su condición de autónomo, al ser la que mejor se adapta a sus necesidades.

La propuesta ha sido criticada por sindicatos y activistas y cuenta con la negativa de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, según confesó en una entrevista a EL PAÍS. “Tras las victorias en los juzgados ahora tenemos que pasar a la lucha política”, explica Gonzalo Pino, secretario de Política Sindical de UGT, quien advierte de esta nueva figura: “El gobierno tiene que comprender las bolsas de precariedad que crea esta nueva economía. Un rider no tiene derecho a vacaciones, ni a ponerse enfermo, ni a una baja por paternidad. La digitalización debería de servir para que el beneficio llegara también al trabajador. En lugar de eso, las empresas están volviendo a un modelo laboral del siglo XIX”.

Fuente: El País